Odiar es algo malo. Es muy poco cristiano y al fin y al cabo el primero que pierde al odiar es uno mismo y todas esas cosas que se suelen decir. No obstante hay cosas que no puedo evitar, como por ejemplo las ganas de retorcer el pescuezo cual pollo a aquellos magnificos compañeros de biblioteca que se creen que hay veda libre para la charla distendida.
Uno ha probado todas las estrategias posibles para evitar que tal circunstancia afecte su estudio, desde mandar a callar educadamente o no tan educadamente (la mas obvia) hasta matar con una mirada fulminante (más sutil) o simplemente cambiarse de sitio. Pero quien vaya habitualmente a la biblioteca sabra que no sirve absolutamente para nada. Lamentablemente hay metastasis y cuando parece que los mas folloneros se han callado, los de al lado cogen el testigo a la hora de fastidiar al personal. El incivismo es universal.
Y de hecho si estan hablando de estudio, pues como que me molesta menos, como que lo entiendo. Lo que mas me escama es que hablen del ultimo fichaje del Real Mandril o del Parchelona. Encima a susurrando a voz en grito, como queriendo disimular pero con estridencia.
Y yo me pregunto, ¿acaso esta cerrado el Bar? ¿Están mas comodos hablando en una biblioteca donde la idea es que hay que guardar silencio que no en la %&/ calle?
En fin, menos mal que me queda este blog para disfrutar del desahogo virtual y mandarlos a hacer puñetas.
jueves 29 de mayo de 2008
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2 comentarios:
Pues sí, yo acabé la carrera ahora en febrero, pero te tengo que dar la razón en este tema. De hecho las veces que he ido a la uni a estudiar e ido directamente al bar, ya puestos a escuchar tonterías prefiero ir a un lugar donde haya mayor cantidad de ruido y poderme desconectar totalmente de él.
Y sí, que bonitas e insonoras son las bibliotecas fuera de épocas de estudio, pero por lo visto el estudiar provoca que la gente hable de cosas totalmente ajenas a lo que estudia...
En fin, ánimos y que te sea leve tu lucha contra el ruido!
Ciertamente es algo que le saca a uno de quicio. Recientemente he comprado unos tapones de espuna en la farmacia de la cívica. Han dado buenos resultados, pero aun así no soluciona el problema desde su base: La mala educación de algunos compañeros de la universidad, cuya falta de civismo acabamos pagando todos.
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